FLORENCE NIGHTINGALE.Hija de una
familia terrateniente adinerada, de Hampshire, nació en 1820.

Su padre, William Nightingale de Embly park, un
Unitario estaba involucrado en el movimiento contra la esclavitud y era un fiel
creyente en que las mujeres, especialmente su hija, deberían obtener una
educación. Ella y su hermana aprendieron italiano, latín, griego, historia y
matemáticas de su padre y su tía, así como de otros tutores.
La madre de
Florence, Fanny Nightingale, tambien provenía de una familia fielmente Unitaria.
Ella era una mujer dominante que estaba primordialmente preocupada con la
busqueda de un buen marido para su hija. Por ello, se molestó ante la decisión
de florence de rechazar a varios proponentes de matrimonio.
Cuando
florence cumplió 17 años se sintió llamada por Dios para enfrentar alguna gran
causa desconocida. A los 23 años, dijo a sus padres que quería convertirse en
una enfermera. Y se encontró con una sólida oposición de ellos, ya que la
enfermería se asociaba con mujeres de clase trabajadora.
No fue sino
hasta que el Lord Houghton casó con otra en 1851, que Florence recibió permiso
para entrenarse como enfermera. Florence, entonces de 31 años, se fue a trabajar
al hospital Kaiserworth en Alemanía.
En su diario, ella explicó porqué
decidió no aceptar la oferta de matrimonio de Richard Moneton Milnes. Que
decía:
Yo tengo una naturaleza, moral y activa que requiere satisfacción
y eso no encontraría en la vida de él. Yo podría sentirme satisfecha si pasara
la vida con él combinando diferentes poderes para lograr un gran
objetivo.
Yo no podría satisfacer esta naturaleza pasando la vida con él,
en compromisos sociales y organizando las cosas domésticas.
Dos años más
tarde ella fue nombrada la directora residentes del hospital para mujeres
invalidas en Harley Street, Lodón. El año siguiente Nightingale se le dio
permiso de que llevara a 38 enfermeras a cuidar a los soldados británicos en la
guerra. Nightingale encontró que las condiciones en el hospital militar en
Scutari eran alarmantes. Los hombres eran mantenidos en cuartos sin sabanas ni
comida decente. Sin lavar, ellas mantenían sus uniformes puestos, “tiesos de la
suciedad”. En estas condiciones no era sorprendente que en los hospitales
militares, heridas de guerra era solo la sexta razón de defunción. Enfermedades
como el tifus, cólera y disentería eran las tres causas principales por las
cuales la proporción de muertos era tan alta.
Durante este tiempo,
Nightingale recolectó datos y sistematizó la práctica del control de registros.
Ella inventó un gráfico de área polar, donde las estadísticas representadas son
proporcionales al área de una tajada en un gráfico circular. Esta información
que con una mejoría en los métodos de sanidad, las muertes bajaría. (en Febrero
de 1855, la tasa de mortalidad era del 42.7% de los casos tratados).
Los
oficiales militares y los doctores objetaron las visiones de Nightingale sobre
reformas en los hospitales militares. Ellos interpretaron sus comentarios como
un ataque a ellos y la hicieron sentirse fuera de lugar.
Nightingale
recibió muy poca ayuda de los militares, hasta que uso sus contactos con el
Times, para recortar la información. Entonces se le encomendó a Nightingale la
tarea de organizar las barrancas del hospital después de la batalla de inkerman
y al mejorar las condiciones de sanidad, logró reducir la proporción de muerte
de sus pacientes.
Su recomendación a estudiantes de enfermería
(1873):
La enfermería es un llamado superior, un llamado honorable… el
honor radica en el amor por la perfección, la consistencia, y en el trabajo duro
para conseguirla.
Años más tarde, en el Engliswoman Review (1986),
escribió:
Pero debo decir a todas las damas jóvenes que son llamadas a
esta vocación, que deben calificarse para ello como lo hace un hombre para su
trabajo. Que no crean que lo puedan asumir de otra manera.
En 1856
Florence Nightingale regresó a Inglaterra como una heroína nacional. Y decidió
empezar una campaña para mejorar la calidad de la enfermería en los hospitales
militares. Su evidencia en la comisión de Sanidad de 1857 eventualmente resultó
en la formación de una universidad médica militar.
Para dispersar sus
opiniones sobre la reforma, Nightingale publicó dos libros, Notas de Hospital
(1859) y Notas de Enfermería (1859). Con el apoyo de amigos adinerados y The
Times, Nightingale puedo reunir 59,000 para mejorar la calidad de la enfermería.
En 1860 y utilizó este dinero para fundar la Escuela y Casa para Enfermeras
Nightingale en el Hospital St. Thomas. Ella también se involucró en el
entrenamiento de enfermeras que trabajaban en “casas de trabajo”, como resultado
de una ley en protección de los pobres, de 1834.
La segunda mitad del
siglo XIX comenzó con la revolucionaria propuesta de Florence Nightingale,
pionera en la estadística social, quién hizo amplio uso de gráficos y diagramas
para analizar el cuidado médico en la Inglaterra del siglo XIX.
En 1858
con su diagrama de área polar, demuestra con un simple gráfico que las causas de
la mortalidad en los hospitales británicos durante la guerra de Crimen, era muy
superior a la de los hospitales de Inglaterra logrando con esto resumir un
reporte de más de 800 páginas.
Nightingale tenía fuertes opiniones sobre
los derechos de las mujeres. En su libro Sugerencia para pensar para los
buscadores de las verdades religiosas (1859) ella argumentó fuertemente para que
se eliminaran las restricciones que prevenían a las mujeres de tener
carreras.
Como contradicción, otras mujeres fuertes se sintieron, tenían
dudas al principio de esta campaña y argumentaba que era más importante tener
mejores desanimadas por la falta de apoyo de Nightingale hacia las mujeres
doctoras. Nightingale enfermera que mujeres doctores.
Posteriormente en
su vida, Nightingale sufrió de mala de salud y en 189 5se volvió ciega, luego
perdió otras facultades, lo cual significó que tuvo que recibir cuidado tiempo
completo. A pesar de estar completamente inválida, vivió otros 15 años, antes de
su muerte en 1910.
LILLIAM WALD.
(1867-1940)
Nace en el año 1867 y fue una de las líderes del
movimiento de las viviendas comunitarias quien llego a ser muy influyente y
trascendental de las reformas urbanas.
Era idealista practico que trabajo
para crear a una sociedad mas justas meta era asegurarse de que las mujeres y
los niños, los inmigrantes y los pobres, los inmigrantes y los pobres, y los
miembros de todos los grupos étnicos y religiosos realizaran la promesa de
América de la ‘’vida, de la libertad y de la brusquedad de la
felicidad’’.
Como enfermera joven, Wald esperaba proporcionar cuidado
médico decente a los residentes de viviendas más bajas del lado del este de
Nueva York.
Su trabajo como el fundador del establecimiento de la calle
del Henrio y el visitar cuidan servicio demostraron sus talentos administrativos
masterful, respeto profundo para la humanidad y habilidad en la movilización de
fondos y la publicación.
Defendiendo las causas del oficio de enfermera
de la salud pública, de la reforma de la cubierta, del sufragio, de la paz del
mundo, y de las derechas de mujeres, de niños, de inmigrantes y de la gente del
funcionamiento, Wald sintió bien a un líder influyente en ciudad, lo indica, y
política nacional. Sus esfuerzos incansables de ligar la salud de niños a la
salud de naciones le hicieron un modelo del logro, de cuidar, y de integridad a
través de su curso de la vida. Aunque Wald alcanzó el reconocimiento
internacional, sus esfuerzos fueron puestos a tierra siempre en la creencia que
el mundo era simplemente una versión ampliada de la vecindad cultural
diversa.
Wald se consideraba como el paladín de los pobres suscitándoles
a sus hogares. Entendía las reformas radicales que se necesitaba para altificar
estas pobrezas y trataba de convencer a los funcionarios y vieron que ellos
tenían la responsabilidad de remediar la pobreza.
LUISA DE
MARILLAC.Nació en París el 12 de agosto de 1591, Hija de Louis
de Marillac, señor de Ferrieres. Perdió a su madre desde temprana edad, pero
tuvo una buena educación, gracias, en parte, a los monjes de Poissy, a cuyos
cuidados fue confiada por un tiempo, y en parte, a la instrucción personal de su
propio padre, que murió cuando ella tenía poco más de quince años. Luisa había
deseado hacerse hermana capuchina, pero el que entonces era su confesor,
capuchino él mismo, la disuadió de ello a causa de su endeble
salud.
Finalmente se le encontró un esposo digno: Antonio Le Gras, hombre
que parecía destinado a una distinguida carrera y que ella aceptó. Tuvieron un
hijo. En el período en que Antonio estuvo gravemente enfermo, ella lo cuidó con
esmero y completa dedicación. Desgraciadamente, Luisa sucumbió a la tentación de
considerar esta enfermedad como un castigo por no haber mostrado su
agradecimiento a Dios, que la colmaba de bendiciones, y estas angustias de
conciencia fueron motivos de largos períodos de dudas y aridez
espiritual.
Tuvo, sin embargo, la buena fortuna de conocer a San
Francisco de Sales, quien pasó algunos meses en París, durante el año 1619. De
él recibió la dirección más sabia y comprensiva. Pero París no era el lugar del
santo.
Un poco antes de la muerte de su esposo, Luisa hizo voto de no
contraer matrimonio de nuevo y dedicarse totalmente al servicio de Dios.
Después, tuvo una extraña visión espiritual en la que sintió disipadas sus dudas
y comprendió que había sido escogida para llevar a cabo una gran obra en el
futuro, bajo la guía de un director a quien ella no conocía aun. Antonio Le Gras
murió en 1625. Pero ya para entonces Luisa había conocido a "Monsieur Vicente",
quien mostró al principio cierta renuncia en ser su confesor, pero al fin
consintió. San Vicente en aquel tiempo estaba organizando sus "Conferencias de
Caridad", con el objeto de remediar la espantosa miseria que existía entre la
gente del campo, para ello necesitaba una buena organización y un gran numero de
cooperadores. La supervisión y la dirección de alguien que infundiera absoluto
respeto y que tuviera, a la vez, el tacto suficiente para ganarse los corazones
y mostrarles el buen camino con su ejemplo.
A medida que fue conociendo
más profundamente a "Mademoiselle Le Gras", San Vicente descubrió que tenía a la
mano el preciso instrumento que necesitaba. Era una mujer decidida y valiente,
dotada de clara inteligencia y una maravillosa constancia, a pesar de la
debilidad de salud y, quizás lo más importante de todo, tenía la virtud de
olvidarse completamente de si misma por el bien de los demás. Tan pronto como
San Vicente le habló de sus propósitos, Luisa comprendió que se trataba de una
obra para la gloria de Dios. Quizás nunca existió una obra religiosa tan grande
o tan firme, llevada a cabo con menos sensacionalismo, que la fundación de la
sociedad, que fue conocida como "Hijas de la Caridad" y que se ha ganado el
respeto de los hombres de la más diversas creencias en todas partes del mundo.
Solamente después de cinco años de trato personal con Mlle. Le Gras, Monsieur
Vicente, que siempre tenía paciencia para esperar la oportunidad enviada por
Dios, mandó a esta dama devota, en mayo de 1629, a hacer lo que podríamos llamar
una visita a "La Caridad" de Montmirail. Esta fue la precursora de muchas
misiones similares y, a pesar de la mala salud de la señorita, tomada muy en
cuenta por San Vicente, ella no retrocedió ante las molestias y
sacrificios.
En 1633, fue necesario establecer una especie de centro de
entrenamiento o noviciado, en la calle que entonces se conocía como
Fosses-Saint-Víctor. Ahí estaba la vieja casona que Le Gras había alquilado para
sí misma después de la muerte de su esposo, donde dio hospitalidad a las
primeras candidatas que fueron aceptadas para el servicio de los pobres y
enfermos; cuatro sencillas personas cuyos verdaderos nombres quedaron en el
anonimato. Estas, con Luisa como directora, formaron el grano de mostaza que ha
crecido hasta convertirse en la organización mundialmente conocida como Hermanas
de la Caridad de San Vicente de Paúl. Su expansión fue rápida. Pronto se hizo
evidente que convendría tener alguna regla de vida y alguna garantía de
estabilidad.
Desde hacía tiempo, Luisa había querido ligarse a este
servicio con voto, pero San Vicente, siempre prudente y en espera de una clara
manifestación de la voluntad de Dios, había contenido su ardor. Pero en 1634, el
deseo de la santa se cumplió. San Vicente tenía completa confianza en su hija
espiritual y fue ella misma la que redactó una especie de regla de vida que
deberían seguir los miembros de la asociación.
La sustancia de este
documento forma la médula de la observancia religiosa de las He
rmanas
de la Caridad Aunque éste fue un gran paso hacia adelante, el reconocimiento de
las Hermanas de la Caridad como un instituto de monjas, estaba todavía
lejos.
En la actualidad, la blanca cofia y el hábito azul al que sus
hijas han permanecidos fieles durante cerca de 300 años, llaman inmediatamente
la atención en cualquier muchedumbre. Este hábito es tan sólo la copia de los
trajes que antaño usaban las campesinas. San Vicente, enemigo de toda
pretensión, se opuso a que sus hijas reclamaran siquiera una distinción en sus
vestidos para imponer ese respeto que provoca el hábito religioso. No fue sino
hasta 1642, cuando permitió a cuatro miembros de su institución hacer votos
anuales de pobreza, castidad y obediencia y, solamente 13 años después, obtuvo
en Roma la formal aprobación del instituto y colocó a las hermanas
definitivamente bajo la dirección de la propia congregación de San Vicente.
Mientras tanto, las buenas obras de las hijas de la caridad se habían
multiplicado aceleradamente.
En el desarrollo de todas estas obras, Mlle.
Le Gras soportaba la parte más pesada de la carga. Había dado un maravilloso
ejemplo en Angers, al hacerse cargo de un hospital terriblemente descuidado. El
esfuerzo había sido tan grande, que a pesar de la ayuda enorme que le prestaron
sus colaboradores, sufrió una severa postración que fue diagnosticada
erróneamente, como un caso de fiebre infecciosa. En París había cuidado con
esmero a los afectados durante una epidemia y, a pesar de su delicada
constitución, había soportado la prueba. Los frecuentes viajes, impuestos por
sus obligaciones, habrían puesto a prueba la resistencia de un ser más robusto;
pero ella estaba siempre a la mano cuando se la requería, llena de entusiasmo y
creando a su alrededor una atmósfera de gozo y de paz. Como sabemos por sus
cartas a San Vicente y a otros, solamente dos cosas le preocupaban: una era el
respeto y veneración con que se le acogía en sus visitas; la otra era la
ansiedad por el bienestar espiritual de su hijo Miguel.
En el año de
1660, San Vicente contaba ochenta años y estaba ya muy débil. La santa habría
dado cualquier cosa por ver una vez más a su amado padre, pero este consuelo le
fue negado. Sin embargo, su alma estaba en paz; el trabajo de su vida había sido
maravillosamente bendecido y ella se sacrificó sin queja alguna, diciendo a las
que la rodeaban que era feliz de poder ofrecer a Dios esta última privación. La
preocupación de sus últimos días fue la de siempre, como lo dijo a sus abatidas
hermanas: "Sed empeñosas en el servicio de los pobres... amad a los pobres,
honradlos, hijas mías, y honraréis al mismo Cristo". Santa Luisa de Marillac
murió el 15 de marzo de 1660; y San Vicente la siguió al cielo tan sólo seis
meses después. Fue canonizada en 1934.
HILDEGARDE
PEPLAU.Fue una de las enfermeras de la era monástica la cual en
el 1954 desarrollo el primer programa sin nivel de graduación para la
preparación de especialidades clínicas. Se especializó en enfermería
psiquiátrica.
Hildegard E. Peplau, una líder mundial en enfermería,
conocida como la enfermera del siglo, murió el 17 de marzo de 1999 a la edad de
89 años, en su hogar en Sherman Oaks, California. Peplau es la única enfermera
que prestó sus servicios a la Asociación de Enfermeras Americanas (ANA), como
directora ejecutiva y, más tarde, como presidenta.
También fue elegida
para trabajar durante dos períodos en la junta directiva del Consejo
Internacional de Enfermeras (ICN).
En 1997 recibió el mayor honor en
enfermería, el premio Cristiané Rumann, en el congreso cuadrienal de la ICN.
Esta distinción se otorga cada cuatro años por contribuciones nacionales e
internacionales sobresalientes en enfermería y cuidado de la salud. Un año
antes, la Academia Americana de Enfermería le había rendido un homenaje como
leyenda viviente. En 1998 la Asociación de Enfermeras Americanas la colocó en el
salón de la fama de la ANA.
Por otra parte, la doctora Peplau es
reconocida mundialmente como la madre de la enfermería psiquiátrica. Su trabajo
teórico y clínico condujo al desarrollo de un campo distinto de especialización:
enfermería psiquiátrica.
El libro inicial de Peplau Las relaciones
interpersonales en enfermería fue terminado en 1948 pero su publicación se
pospuso por cuatro años, porque en aquel entonces se consideró muy
revolucionario que una enfermera publicara un libro sin un médico como coautor.
El libro de Peplau ha sido ampliamente acreditado con la transformación de
enfermería, que pasó de ser un grupo de trabajadoras expertas a ser una
profesión con gran desarrollo.
Desde la publicación del trabajo de
Peplau, el proceso interpersonal ha sido integrado en la educación y la práctica
de enfermería en Estados Unidos y en el exterior. Por esto, la vida y el trabajo
de la doctora Peplau produjeron los mayores cambios en la práctica de enfermería
después de los de Florence Nigtingale.
Peplau recibió títulos de doctora
honoraria en universidades como las de Alfred, Boston Collage, Colombia, Duke,
Indiana, Ohio State, Rutgers y la Universidad de Ulster, en Irlanda. En 1995 fue
nominada a una de las 50 Grandes de América en ¿quién es quién? por Marquis. Fue
elegida miembro de la Academia Americana de Enfermería del Sigma Theta Tau y de
la Sociedad Honoraria de Enfermería.
Hildegard Peplau nació el 1º de
septiembre de 1909 en Reading, Pensilvana; segunda hija de los emigrantes Gustav
y Ottylie Peplau, tuvo dos hermanas y tres hermanos. En su niñez presenció la
devastadora epidemia de gripa en 1918; esta experiencia personal influyó
enormemente su comprensión del impacto que tiene la enfermedad y la muerte sobre
las familias. Inició su carrera de enfermería en Pottstoen, Pensylvania. Luego
trabajó como enfermera de planta en Pensylvania y en la ciudad de Nueva
York.
Un cargo en un campo de verano de la universidad de Nueva York, la
llevó a que recibiera recomendación para trabajar como enfermera en el Collage
Bennington en Vermont. Allá se graduó en psicología interpersonal en 1943. En
Bennington, y a través de sus experiencias de campo en Chestnut Lodge (una
institución psiquiátrica privada), estudió con Erich From, Frida From-Reichmann
y Harry Sullivan. Peplau trabajó toda su vida tratando de enfocar y extender la
teoría interpersonal de Sullivan a la práctica de enfermería.
Entre 1943
y 1945 Peplau sirvió en el grupo de enfermería de la armada y fue asignada al
campo 312 del Hospital Estación en Inglaterra, donde estaba localiza la
Escuela
Militar Americana de Psiquiatría. Después de la guerra, Peplau se
sentó a la mesa con muchos de estos hombres, para trabajar en la
reestructuración del sistema de salud mental en Estados Unidos, de allí surgió
el acta de salud mental nacional de 1946. Peplau obtuvo sus títulos de master y
doctorado en el Teachers Collage de la
Universidad de Colombia. También
fue certificada en psicoanálisis por el Instituto William Alanson White de Nueva
York. Al inicio de los años cincuenta, Peplau desarrolló y dictó las primeras
clases para las estudiantes de postgrado de enfermería psiquiátrica en el
Teachers Collage. Además, se desempeño como profesora de la Facultad de
Enfermería de Rutgers entre 1954 y 1974. Allí creó el primer programa de
postgrado con preparación de especialistas clínicas en enfermería
psiquiátrica.
Fue una escritora prolífica conocida por sus
presentaciones, conferencias y talleres para entrenamiento clínico Peplau luchó
vigorosamente para que las enfermeras tuvieran mayor educación y así pudieran
dar un verdadero cuidado terapéutico a los pacientes antes que el cuidado de
guardianas, prevalente en los hospitales psiquiátricos en aquel tiempo. Durante
los años 50 y 60, lideró seminarios de verano en todo Estados Unidos, en
especial, en los hospitales psiquiátricos del estado. En estos seminarios enseñó
los conceptos interpersonales, las técnicas de entrevista y terapia de grupo,
individual y familiar.
Peplau fue consultora de la Organización Mundial
de la Salud y profesora visitante en universidades de África, América Latina,
Europa y Estados Unidos. Luchó fuertemente por la educación de postgrado y la
investigación en enfermería. Además, fue consultora de la Superintendencia de
Salud de Estados Unidos, de la Fuerza Aérea Americana, del Instituto Nacional de
Salud Mental y participó en grupos gubernamentales para el diseño de políticas.
Después de su retiro de la Universidad de Rutgers fue profesora visitante de la
Universidad de Leuven en Bélgica entre 1975 y 1976, allí ayudó a establecer el
primer programa de postgrado en enfermería en Europa.
Peplau dijo alguna
vez que la prueba de una buena idea depende de tener o no el poder permanente.
Su libro original de 1952 ha sido traducido a nueve idiomas y en 1989 se reeditó
por la editorial MacMillan de Londres. En 1989, Springer publicó un volumen con
una selección de algunos de los artículos inéditos. Las ideas de Peplau han
superado la prueba del tiempo. Los archivos de su trabajo y vida se conservan en
la biblioteca Schlesinger en la Universidad de Harvard.
Se han planeado
homenajes por la Asociación de Enfermeras Americanas, la Asociación Americana de
Enfermeras Psiquiátricas y otras organizaciones de enfermería. La familia
solicita las contribuciones en su memoria a la fundación Peplau para la
investigación, fundación de enfermeras americanas.
SANTA
BRIGIDA.SANTA BRIGIDA era hija de Birgerio, gobernador de
Uplandia, la principal provincia de Suecia. La madre de Brígida, Ingeborg; era
hija del gobernador de Gotlandia oriental. Ingeborg murió hacia 1315 y dejó
varios hijos. Brígida, que tenía entonces doce años aproximadamente, fue educada
por una tía suya en Aspenas. A los tres años, hablaba con perfecta claridad,
como si fuese una persona mayor, y su bondad y devoción fueron tan precoces como
su lenguaje. Sin embargo, la santa confesaba que de joven había sido inclinada
al Orgullo y la presunción.
La Pasión: centro de su vida A los siete años
tuvo una visión de la Reina de los cielos. A los diez, a raíz de un sermón sobre
la Pasión de Cristo que la impresionó mucho, soñó que veía al Señor clavado en
la cruz y oyó estas palabras: "Mira en qué estado estoy, hija mía." "¿Quién os
ha hecho eso, Señor?", preguntó la niña. Y Cristo respondió: "Los que me
desprecian y se burlan de mi amor." Esa visión dejó una huella imborrable en
Brígida y, desde entonces, la Pasión del Señor se convirtió en el centro de su
vida espiritual.
Matrimonio antes de cumplir catorce años, la joven
contrajo matrimonio con Ulf Gudmarsson, quien era cuatro años mayor que ella.
Dios les concedió veintiocho años de felicidad matrimonial. Tuvieron cuatro
hijos y cuatro hijas, una de las cuales es venerada con el nombre de Santa
Catalina de Suecia.
Durante algunos años, Brígida llevó la vida de la
época, como una señora feudal, en las posesiones de su esposo en Ulfassa, con la
diferencia de que cultivaba la amistad de los hombres sabios y
virtuosos.
En la Corte Hacia el año 1335, la santa fue llamada a la corte
del joven rey Magno II para ser la principal dama de honor de la reina Blanca de
Namur. Pronto comprendió Brígida que sus responsabilidades en la corte no se
limitaban al estricto cumplimiento de su oficio. Magno era un hombre débil que
se dejaba fácilmente arrastrar al vicio; Blanca tenía buena voluntad, pero era
irreflexiva y amante del lujo. La santa hizo cuanto pudo por cultivar las
cualidades de la reina y por rodear a ambos soberanos de buenas
influencias.
Las Visiones de La santa empezó tener por entonces las
visiones que habían de hacerla famosa. Estas versaban sobre las más diversas
materias, desde la necesidad de lavarse, hasta los términos del tratado de paz
entre Francia e Inglaterra. "Si el rey de Inglaterra no firma la paz decía no
tendrá éxito en ninguna de sus empresas y acabará por salir del reino y dejar a
sus hijos en la tribulación y la angustia." Pero tales visiones no impresionaban
a los cortesanos suecos, quienes solían preguntar con ironía: "¿Qué soñó Doña
Brígida anoche?"
Problemas familiares y peregrinaciones. Por otra parte,
la santa tenía dificultades con su propia familia. Su hija mayor se había casado
con un noble muy revoltoso, a quien Brígida llamaba "el Bandolero" y, hacia
1340, murió Gudmaro, su hijo menor. Por esa pérdida la santa hizo una
peregrinación al santuario de San Olaf de Noruega, en Trondhjem. A su regreso,
fortalecida por las oraciones, intentó con más ahinco que nunca volver al buen
camino a sus soberanos.
Como no lo lograse, les pidió permiso de
ausentarse de la corte e hizo una peregrinación a Compostela con su esposo. A la
vuelta del viaje, Ulf cayó gravemente enfermo en Arras y recibió los últimos
sacramentos ya que la muerte parecía inminente. Pero Santa Brígida, que oraba
fervorosamente por el restablecimiento de su esposo, tuvo un sueño en el que San
Dionisio le reveló que no moriría. A raíz de la curación de Ulf, ambos esposos
prometieron consagrarse a Dios en la vida religiosa.
Viuda, vida
religiosa, aumentan las visiones. Según parece, Ulf murió en 1344 en el
monasterio cisterciense de Alvastra, antes de poner por obra su propósito. Santa
Brígida se quedó en Alvastra cuatro años apartada del mundo y dedicada a la
penitencia. Desde entonces, abandonó los vestidos lujosos, solo usaba lino para
el velo y vestía una burda túnica ceñida con una cuerda anudada. Las visiones y
revelaciones se hicieron tan insistentes, que la santa se alarmó, temiendo ser
víctima de ilusiones del demonio o de su propia imaginación. Pero en una visión
que se repitió tres veces, se le ordenó que se pusiese bajo la dirección del
maestre Matías, un canónigo muy sabio y experimentado de Linkoping, quien le
declaró que sus visiones procedían de Dios. Desde entonces hasta su muerte,
Santa Brígida comunicó todas sus visiones al prior de Alvastra, llamado Pedro,
quien las consignó por escrito en latín. Ese período culminó con una visión en
la que el Señor ordenó a la santa que fuese a la corte para amenazar al rey
Magno con el juicio divino; así lo hizo Brígida, sin excluir de las amenazas a
la reina y a los nobles. Magno se enmendó algún tiempo y dotó liberalmente el
monasterio que la santa había fundado en Vadstena, impulsada por otra
visión.
En Vadstena había sesenta religiosas. En un edificio contiguo
habitaban trece sacerdotes (en honor de los doce apóstoles y de San Pablo),
cuatro diáconos (que representaban a los doctores de la Iglesia) y ocho hermanos
legos. En conjunto había ochenta y cinco personas. Santa Brígida redactó las
constituciones; según se dice, se las dictó el Salvador en una visión. Pero ni
Bonifacio IX con la bula de canonización, ni Martín V, que ratificó los
privilegios de la abadía de Sión y confirmó la canonización, mencionan ese hecho
y sólo hablan de la aprobación de la regla por la Santa Sede, sin hacer
referencia a ninguna revelación privada.
En la fundación de Santa
Brígida, lo mismo que en la orden de Fontevrault, los hombres estaban sujetos a
la abadesa en lo temporal, pero en lo espiritual, las mujeres estaban sujetas al
superior de los monjes. La razón de ello es que la orden había sido fundada
principalmente para las mujeres y los hombres sólo eran admitidos en ella para
asegurar los ministerios espirituales. Los conventos de hombres y mujeres
estaban separados por una clausura inviolable; tanto unos como las otras,
asistían a los oficios en la misma iglesia, pero las religiosas se hallaban en
una galería superior, de suerte que ni siquiera podían verse unos a
otros.
El monasterio de Vadstena fue el principal centro literario de
Suecia en el siglo XV. A raíz de una visión; Santa Brígida escribió una carta
muy enérgica a Clemente VI, urgiéndole a partir de Aviñón a Roma y establecer la
paz entre Eduardo III de Inglaterra y Felipe IV de Francia. El Papa se negó a
partir de Aviñón pero, en cambio envió a Hemming, obispo de Abo, a la corte del
rey Felipe, aunque la misión no tuvo éxito.
Entre tanto, el rey Magno,
que apreciaba más las oraciones que los consejos de Santa Brígida, trató de
hacerla intervenir en una cruzada contra los paganos letones y estonios. Pero en
realidad se trataba de una expedición de pillaje. La santa no se dejó engañar y
trató de disuadir al monarca. Con ello perdió el favor de la corte, pero no le
faltó el amor del pueblo, por cuyo bienestar se preocupaba sinceramente durante
sus múltiples viajes por Suecia.
En Roma e Italia, había todavía en el
país muchos paganos, y Sarta Brígida ilustraba con milagros la predicación de
sus capellanes. En 1349, a pesar de que la "muerte negra" hacía estragos en toda
Europa, Brígida decidió ir a Roma con motivo del jubileo de 1350. Acompañada de
su confesor, Pedro de Skeninge y otros, se embarcó en Stralsund, en medio de las
lágrimas del pueblo, que no había de volver a verla.
En efecto, la santa
se estableció en Roma, donde se ocupó de los pobres de la ciudad, en la espera
de la vuelta del Pontífice a la Ciudad Eterna. Asistía diariamente a misa a las
cinco de la mañana, se confesaba todos los días y comulgaba varias veces por
semana (según era permitido en aquella época). El brillo de su virtud
contrastaba con la corrupción de costumbres que reinaba entonces en Roma: el
robo y la violencia hacían estragos, el vicio era cosa normal, las iglesias
estaban en ruinas y lo único que interesaba al pueblo era escapar de sus
opresores. La austeridad de la santa, su devoción a los santuarios, su severidad
consigo misma, su bondad con el prójimo, su entrega total al cuidado de los
pobres y los enfermos, le ganaron el cariño de muchos. Santa Brígida atendía con
particular esmero a sus compatriotas y cada día daba de comer a los peregrinos
suecos en su casa que estaba situada en las cercanías de San Lorenzo in
Damaso.
Pero su ministerio apostólico no se reducía a la práctica de las
buenas obras ni a exhortar a los pobres y a los humildes. En cierta ocasión, fue
al gran monasterio de Farfa para reprender al abad, "un hombre mundano que no se
preocupaba absolutamente por las almas". Hay que decir que, probablemente, la
reprensión de la santa no produjo efecto. Más éxito tuvo su celo por la reforma
de otro convento de Bolonia. Allí se hallaba Brígida cuando fue a reunirse con
ella su hija, Santa Catalina, quien se quedó a su lado y, fue su fiel
colaboradora hasta el fin de su vida. Dos de las iglesias romanas más
relacionadas con nuestra santa son la de San Pablo extramuros y la de San
Francisco de Ripa.
En la primera se conserva todavía el bellísimo
crucifijo, obra de Cavallini, ante el que Brígida acostumbraba orar y que le
respondió más de una vez; en la segunda iglesia se le apareció San Francisco y
le dijo: "Ven a beber conmigo en mi celda". La santa interpretó aquellas
palabras como una invitación para ir a Asís. Visitó la ciudad y de allí partió
en peregrinación por los principales santuarios de Italia, durante dos
años.
Profecías y revelaciones las profecías y revelaciones Santa Brígida
se referían a las cuestiones mas candentes de su época. Predijo, por ejemplo,
que el Papa y el emperador se reunirían amistosamente en Roma. Al poco tiempo
así lo hicieron (El Papa Beato Urbano V y Carlos IV, en 1368). La profecía de
que los partidos en que estaba dividida la Ciudad Eterna recibirían el castigo
que merecían por sus crímenes, disminuyeron un tanto la popularidad de la santa
y aun le atrajeron persecuciones. Brígida fue arrojada de su casa y tuvo que ir
con su hija a pedir limosna al convento de las Clarisas. Por otra parte, ni
siquiera el Papa escapaba a sus severas admoniciones proféticas.
El gozo
que experimentó la santa con la llegada de Urbano a Roma fue de corta duración,
pues el Pontífice se retiró poco después a Viterbo, luego a Montesfiascone y aun
se rumoró que se disponía a volver a Aviñón.
Al regresar de una
peregrinación, a Amalfi, Brígida tuvo una visión en la que Nuestro Señor la
envió a avisar al Papa que se acercaba la hora de su muerte, a fin de que diese
su aprobación a la regla del convento de Vadstena. Brígida había ya sometido la
regla a la aprobación de Urbano V, en Roma, pero el Pontífice no había dado
respuesta alguna.
Así pues, se dirigió a Montefiascone montada en su mula
blanca. Urbano aprobó, en general, la fundación y la regla de Santa Brígida, que
completó con la regla de San Agustín. Cuatro meses más tarde, murió el
Pontífice. Santa Brígida escribió tres veces a su sucesor, Gregorio XI, que
estaba en Aviñón, conminándole a trasladase a Roma. Así lo hizo el Pontífice
cuatro años después de la muerte de la santa.
En 1371, a raíz de otra
visión, Santa Brígida emprendió una peregrinación a los Santos Lugares,
acompañada de su hija Catalina, de sus hijos Carlos y Bingerio, de Alfonso de
Vadaterra y otros personajes. Ese fue el último de sus viajes.
La
expedición comenzó mal, ya que en Nápoles, Carlos se enamoró de la reina Juana
I, cuya reputación era muy dudosa. Aunque la esposa de Carlos vivía aún en
Suecia y el marido de Juana estaba en España; ésta quería contraer matrimonio
con él y la perspectiva no desagradaba a Carlos. Su madre, horrorizada ante tal
posibilidad, intensificó sus oraciones.
Dios resolvió la dificultad del
modo más inesperado y trágico, pues Carlos enfermó de una fiebre maligna y murió
dos semanas después en brazos de su madre. Santa Brígida prosiguió su viaje a
Palestina embargada por la más profunda pena. En Jaffa estuvo a punto de perecer
ahogada durante un naufragio Sin embargo durante, la accidentada peregrinación
la santa disfrutó de grandes consolaciones espirituales y de visiones sobre la
vida del Señor.
A su vuelta de Tierra Santa, en el otoño de 1372, se
detuvo en Chipre, donde clamó contra la corrupción de la familia real y de los
habitantes de Famagusta quienes se habían burlado de ella cuando se dirigía a
Palestina.
Después pasó a Nápoles, donde el clero de la ciudad leyó desde
el púlpito las profecías de Santa Brígida, aunque no produjeron mayor efecto
entre el pueblo.
La comitiva llegó a Roma en marzo de 1373. Brígida, que
estaba enferma desde hacía algún tiempo, empezó a debilitarse rápidamente, y
falleció el 23 de julio de ese año, después de recibir los últimos sacramentos
de manos de su fiel amigo, el Padre Pedro de Alvastra. Tenía entonces setenta y
un años.
Su cuerpo fue sepultado provisionalmente en la iglesia de San
Lorenzo in Panisperna. Cuatro meses después, Santa Catalina y Pedro de Alvastra
condujeron triunfalmente las reliquias a Vadstena, pasando por Dalmacia,
Austria, Polonia y el puerto de Danzig.
Santa Brígida, cuyas reliquias
reposan todavía en la abadía por ella fundada, fue carbonizada en 1391 y es
considerada como la patrona de Suecia.
Uno de los aspectos más conocidos
en la vida de Santa Brígida, es el de las múltiples visiones con que la
favoreció el Señor, especialmente las que se refieren a los sufrimientos de la
Pasión y a ciertos acontecimientos de su época.
Por orden del Concilio de
Basilea, el Juan de Torquemada, quien fue más tarde cardenal, examinó el libro
de las revelaciones de la santa y declaró que podía ser muy útil para la
instrucción de los fieles; pero tal aprobación encontró muchos opositores. Por
lo demás; la declaración de Torquemada significa únicamente que la doctrina del
libro es ortodoxa y que las revelaciones no carecen de probabilidad
histórica.
El Papa Benedicto XIV, entre otros, se refirió a las
revelaciones de Santa Brígida en los siguientes términos: "Aunque muchas de esas
revelaciones han sido aprobadas, no se les debe el asentimiento de fe divina; el
crédito que merecen es puramente humano, sujeto al juicio de la prudencia, que
es la que debe dictarnos el grado de probabilidad de que gozan para que crearnos
píamente en ellas."
Santa Brígida, con gran sencillez de corazón, sometió
siempre sus revelaciones a las autoridades eclesiásticas y, lejos de gloriarse
por gozar de gracias tan extraordinarias, las aprovechó como una ocasión para
manifestar su obediencia y crecer en amor y humildad. Si sus revelaciones la han
hecho famosa, ello se debe en gran parte a su virtud heroica, consagrada por el
juicio de la Iglesia.
Las brigidinas tienen unas lecciones de maitines
tomadas de sus revelaciones sobre las glorias de María, conocidas con el nombre
de "Sermo Angelicus", en recuerdo de las palabras del Señor a la santa: "Mi
ángel te comunicará las lecciones que las religiosas de tus monasterios deben
leer en maitines, y tú las escribirás tal como él te las dicte".
Se
convirtió en una abadesa famosa en Irlandia y era respetada como educadora,
consejera y experta en el arte de curación. También se conocía por haber cuidado
enfermos y curado leprosos, por lo cual recibió el nombre de patrona de la
consolación.
Henry Dunart, Fundador de la Sociedad “Cruz
Roja”.